Vestigios de mi mortalidad

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Por Alexis Ortega

Quiero suponer que la gente asume que estoy cuerdo. Están confundidos. Piensan que la cordura se asocia con la inteligencia pero, ¿entonces ellos en automático se denominan locos? 

Más bien, la gente no hizo tal conjetura, he sido yo. ¿Acaso estoy insinuando que estoy loco? Tal vez mi egocentrismo y soberbia han exhibido mi lucidez.

Quizá mi inteligencia surgió a raíz de una serie de experiencias poco comunes para cualquier y ordinaria persona.

Dejaré al lector unas notas escritas por mí, siendo los únicos vestigios de mi mortalidad en un mundo ordinario y aburrido el cual la singularidad dominaba todo mi ser. Estas notas se encuentran un poco revueltas pero no me preocupa, sólo un loco podría entenderlas.

Y no me preocupa tampoco que esto sea develado, pues no he visto manicomios por aquí, llegando a la conclusión de que la gente está cuerda.


Aquí las notas:

“El tiempo para su marcha. Algo no anda bien. Es increíble que yo me encuentre escribiendo unas notas cuando realmente no sucedió nada aparentemente. 

“La gente caminaba con tal despreocupación que se notaba que era viernes. Si algo saben hacer bien las personas es desentender. Y si, ellos se desentendían de todo, excepto de que era viernes. 

“Una mirada oscura, lúgubre, efímera, odiosa y cansada. Si, una mirada que jamás estuvo presente. Un frío espantoso, un ambiente tenso, un momento que nunca existió, no evitó que sucediera una catástrofe. 

“El tiempo se detuvo, el fuego detonó una serie de fenómenos que nunca olvidaré. Ni ella recordará. 

“Pero ella aceleró el tiempo, armonizó el momento. Fue diferente. Quizá su grado de locura es impresionante. Tanto que yo no debería ser juzgado por mi lucidez sin que antes ella sea procesada. 

“Ni mi conciencia me conoce tan bien como ella lo hace. Seguramente nuestras almas fueron separadas en otro mundo porque ya planeaban una colisión estelar, una revolución universal. 

“Sin embargo, éstas se han reunido de nueva cuenta para consumarlo. 

“Repulsiva, desinteresada y nada atenta jamás lo fue. Y aunque no parecía diferente a lo que he soñado, ella jamás dejó al mundo igual de divertido 

“Su mirada era más clara que sus propios ojos. Tan propios como la apropiación de mis sentidos. Con su inteligencia tan proporcional como mi locura. 

“Con un misterio que no se mostraba vulnerable de explorar y que parecía que abriría las puertas del interés propio. 

“El efecto causado por una combinación de mirada-sonrisa fue más mortal que un placebo. 

“Su mirada jamás buscó ocultar el fulgor. Un reloj que no era azul parecía manipular el tiempo, deteniendo y acelerándolo a su antojo. Ella, en cambio, no me disgusta. Sus recuerdos son oscuros, malvados, cansados e insignificantes como los que nunca tuve. 

“La Reina que nunca fue, y que jamás se comportó como tal, se perdió de mi vista. Nunca volví a ser diferente, tanto como ella nunca llegó a ser. 

“La catástrofe llegó. Un hechizo lo transformó todo. Tanto que se derrumbó el castillo de la armonía que quizá existió y que no supe valorar. 

“Rechazado quizá, por una locura que prefirió ser dominante antes que ser compatible por otra igual. Ella, jamás volvió a ser la misma…


Entre sueños y alucinaciones, obtuve más dudas que respuestas. Jamás entendí porque yo suponía que la cordura era contrario a la inteligencia.

Perdí el piso. Entré en crisis. Jamás me levante de esta experiencia en la cual yo anticipaba que saldría victorioso. Creí que mi lucidez resolvería todo a mi manera. Fui demasiado racional que olvide que para amar, los pensamientos deben disolverse con su interpretación en una puesta en escena. Debí actuar.

¡Pero vino lo peor! Me sentí realmente aterrado cuando supe que lo escrito en aquellas desesperanzadas notas era una historia partida a la mitad.

Ella, la princesa, fue una puesta en escena dirigida por mi intelecto. Sin saberlo adoré a dos almas tan diferentes como lo es la locura y la cordura. Eran dos seres que evitaron que cruzara la línea inclinándome por alguno. Dos doncellas tan diferentes que se volvieron un híbrido creado por mi subconsciente.

Espero que el lector pueda comprender que la historia que he escrito de forma lírica habla de ellas de manera independiente.

Jamás volví a ser él mismo. Pensé que podía lidiar con ello y así poder atender ambos casos por separado. Tenía todo para lograrlo hasta el día en que lo desgarrador sucedió, provocándome una muerte simulada por mis sentidos. Tal vez morí en vida.

Encerrado, reflexionando y aún respirando, con la mano izquierda sosteniendo mi locura y con la derecha mi razón, mientras pensaba qué hacer, sentí en todo mi espíritu como un gran frío me recorrió desde los pies hasta la cana más fina de mi cabeza inestable.

Una voz me susurró al oído. ¡Era ella!

La desesperación se apoderó de mis sentidos, mismos que se transformaron en un camino hacia la posesión de otro ser sobre el mío.

Rápido tomé unas hojas y un bolígrafo. Sabía que cualquier registro hecho a partir de ese momento podría ser útil para quien encuentre este escrito.

Apenas los tomé y me desvanecí. Perdí la conciencia. Y ahora estoy aquí, en un camino del cual no conozco su destino.

Mi mente me mató. Al final, pude deducir que los seres de los cuales me enamoré terminaron por separarse. Una doncella si existió, la otra sólo me susurró algo al oído que no podría escribirles sin que ella lo note pues ella ahora se encuentra conmigo y al parecer ni la muerte podrá separarnos.

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